Ante lo expuesto tendría que entenderse la importancia de contar con altos niveles de seguridad estructural y operación de las líneas vitales, así como de prever los escenarios en que estas puedan fallar y los debidos planes para su reposición y/o habilitación de sistemas alternos. Los acontecimientos recientes (sismos, huracanes), demuestran tanto la susceptibilidad de las líneas vitales tanto urbanas como rurales, y los obstáculos que los entes gubernamentales y no gubernamentales enfrentan para el despliegue de las respuestas humanitarias al momento del colapso de estos sistemas.
El terremoto ocurrido en Ecuador en abril de 2016, acontecido en zonas provinciales costeras de ese país, dejó ver las debilidades de las líneas vitales de esa nación, ya que instalaciones hospitalarias y vías principales fueron gravemente dañadas quedando inoperantes, esto complicó el desplazamiento de grupos de respuesta desde la capital ecuatoriana hasta la zona afectada en el litoral ecuatoriano y el desplazamiento de afectados a sitios seguros. Con el colapso de un centro hospitalario se deja sin provisión de atención para la salud a los numerosos lesionados que pueden tenerse luego de un desastre, hasta la activación de centros de emergencia provisionales.
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| Carretera destruida y autos atrapados en ella en Punto Palmar luego del sismo de 7.8 en Ecuador, abril 2016. (Fuente EFE) |
El paso del huracán María por la isla de Puerto Rico durante los últimos días del mes de septiembre de 2017, afectó a todos sus municipios, dejó totalmente sin suministro eléctrico a la población (numerosas torres de transmisión fueros destruidas), sin acceso a telecomunicaciones (telefonía doméstica, celular ni internet), redujo severamente el acceso a agua potable (declaraciones de afectados y el cese del aprovisionamiento de combustible obstruyó la distribución de ayuda a los afectados al no poder contar con medios para el traslado terrestre en camiones hacia distintos puntos de ese territorio y el propio desplazamiento interno de los residentes en la isla y el re-abastecimiento de insumos (médicos, sanitarios, alimentarios), sumado a las tareas de recolección de desechos que también fue interrumpida, la contaminación de cuerpos fluviales (por desechos y sedimentos) entre otros daños ambientales. Los daños más profundos y que agravan la situación y necesidades de las personas más allá de las afectaciones a las viviendas pasan entonces a ser los citados previamente, pues solventada la necesidad de refugio que en muchos casos los pobladores solventan temporalmente luego del evento desastroso las otras prioridades escapan en gran parte de sus posibilidades y recursos para su resolución.


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